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Un pequeño intenta cosas grandes

Las negociaciones se mueven muy despacio, aunque parece que esto forma parte del proceso. Se trata de ir tanteando el terreno para ver las posibilidades de acuerdo. La verdad es que en todo este maremágnum de gente cuesta imaginar que se está negociando, pero sí, despacio, con declaraciones de buenas intenciones, poco a poco, las cosas se van moviendo. Nada más comenzar ha surgido una cuestión de confianza, una pequeña isla del Pacífico, Tuvalu, el país con menos habitantes de Naciones Unidas (el Vaticano no es estado miembro sino observador permanente) ha planteado una moción pidiendo que se establezca un Grupo de Contacto, acogiéndose a los procedimientos establecidos, para elaborar un nuevo Tratado. De esta forma seguiría Kioto y un nuevo tratado con exigencias muy fuertes: limitar el aumento de temperatura a menos de 1.5ºC y estabilizar la concentración de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en 350ppm (partes por millón). La iniciativa no es tanto discutir ese punto sino algo mucho más llamativo: detener todas las negociaciones. COP, la Conferencia misma, tiene que detenerse hasta que esta solicitud quede admitida o rechazada. La verdadera intención, y así lo han declarado, es pedir claridad, que se haga todo en un proceso transparente. No parece que la iniciativa vaya a tener consecuencias sobre el contenido de las negociaciones pero sí es una llamada de atención sobre las formas. Porque lo cierto es que hay muchas intenciones pero siguen estando ocultas, o sólo a medias, lo cual casi es peor.

La Conferencia ha comenzado con mal pie porque Dinamarca preparó un borrador, que nunca ha sido discutido oficialmente, pero sí ha circulado. Parece que fue una propuesta bienintencionada del gobierno danés con la intención de que se llegue a un acuerdo. Nadie aquí quiere que esta reunión se recuerde como el “fracaso de Copenhague”. Después está la sombra que lleva revoloteando desde hace un par de meses, alimentada por Obama y por Barroso, de que no será posible llegar a un acuerdo que obligue legalmente sino sólo se logrará un acuerdo político (de buenas intenciones); y que el acuerdo regulatoria tendrá que llegar en junio o más adelante. Esto se entiende por temas de oportunidad en Estados Unidos, ahora están discutiendo la ley de Sanidad y no puede aparecer Obama pidiendo más dinero para cuestiones de medio ambiente.

Pero para los países más pobres, y más afectados, esto es una burla. Llevan varios años preparando este momento. Todas las conferencias anteriores se marcaron como objetivo que en Copenhague se lograría un acuerdo que “obligue legalmente”, y ahora la posibilidad de un retraso frustra y provoca indignación.

Junto a esta sombra está la del “reciclado de la ayuda”, la amenaza de que al final no habrá más dinero sino que será el mismo pero se le cambiará la etiqueta donde antes ponía “Ayuda Oficial al Desarrollo” ahora pondrá “Cambio Climático”. ¿Tendrá consecuencias en el desarrollo? Indudablemente, el dilema ya no será entre escuelas o educación sino entre escuelas, educación o medio ambiente. Un panorama desastroso.

Junto a esto se descubren las “trampas” que están intentando hacer algunos países para evitar tener que tocar su nivel de emisión de gases: jugar con los excedentes del sistema de cuotas de emisión que había hasta ahora (por ejemplo Rusia y Ucrania tienen un excedente formidable porque su industria se ha venido abajo desde los niveles del año 1990 que es cuando se midió). Estos excedentes se pueden vender, eso significa que de hecho no hay reducción de emisiones, un país rico compra esos derechos y no necesita reducir la emisión de gases. Igual con los sistemas de establecer industrias en países que todavía no han tocado el techo en sus cuotas. Este truco permite contar doble: el país que paga la instalación y el que la recibe, alegando que son nuevas tecnologías menos contaminantes. Otra trampa al acecho es la de no aceptar una fecha como referencia para medir la emisión de gases, sino considerar que la actividad industrial y energética –especialmente- es la que es y sólo si la aumento entonces me vería obligado a pagar o a buscar un instrumento limitante. Pero el resultado es el mismo, no tocar la emisión de gases, es decir no reducir los niveles actuales.

En conjunto hay bastante incertidumbre, y la sensación de que todo está bastante abierto. Lo cual no deja de ser un poco lamentable porque Copenhague es la culminación de un largo proceso como legítimamente reivindican muchos países, especialmente los más pobres. Voluntarismo, realismo, todo mezclado. Creo que las negociaciones tienen su propia dinámica y esta es muy compleja pues son acuerdos de casi doscientos países. Pero no por compleja quiere decir que no de sus frutos. Hay una gran vigilancia sobre el desarrollo de las negociaciones, cada día hay más de diez ruedas de prensa de países, grupos, etc. Pero la llamada de atención de Tuvalu a la transparencia es una buena señal. El país más pequeño en número de habitantes de Naciones Unidas. Significativo, ¿verdad?

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