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Acuerdo inesperado en la Conferencia de Cancún

Las semanas anteriores a la Conferencia del Cambio Climático celebrada en Cancún los comentarios eran mayoritariamente pesimistas sobre su resultado. Por eso hay que reconocer que el acuerdo alcanzado en la noche del 10 de diciembre por  193 representantes de las Partes en la Conferencia es una sorpresa muy agradable, un soplo de aire fresco en medio del ambiente pesimista que rodeaba las conversaciones previas sobre el cambio climático.

El primer resultado, y desde luego no pequeño, es el regreso de las negociaciones a la senda del multilateralismo. Desde 1992 la Convención del Cambio Climático se ha regido por la regla del consenso. Pero durante la última conferencia en Copenhague (diciembre 2009) se rompió con este modo de proceder. La desastrosa gestión de la Conferencia, en primer lugar cuando se prepararon textos alternativos para ser discutidos sin seguir los procedimientos de consulta que garantizan la trasparencia; y finalmente, cuando se permitió el lamentable espectáculo de líderes mundiales reunidos en salas improvisadas sin seguir ningún tipo de procedimiento, todo esto llevó a la ruptura de la confianza básica que es indispensable en este tipo de negociaciones. Esta vez la presidencia mejicana ha jugado un papel decisivo para alcanzar el éxito. Como la Secretaria Ejecutiva de la Convención, Christina Figueres, declaró: “Cancún ha cumplido su misión. Se ha reabierto la esperanza y se ha restaurado la confianza de que el  proceso multilateral para tratar el cambio climático puede dar resultados, las naciones han demostrado que pueden trabajar juntas bajo el mismo techo para llegar a consensos en una causa común. Han demostrado que el consenso, mediante un proceso transparente e inclusivo, puede generar oportunidades para todos”. Sólo Bolivia rechazó firmar el acuerdo, pero este rechazo se consideró, por parte de la asamblea, como una intención de veto inaceptable.

El segundo resultado es el mismo Acuerdo de Cancún, que comienza con una sección titulada: “Visión compartida para una acción conjunta a largo plazo”, que contiene los elementos esenciales de acuerdo sobre cambio climático: el principio de una responsabilidad común pero diferenciada, teniendo además en cuentas las capacidades y las diferentes circunstancias de los países. Se reconocen los pilares fundamentales sobre los que actuar conjuntamente: mitigación, adaptación, financiamiento, innovación y transferencia tecnológica, y capacitar a los agentes que intervienen, especialmente a los estados más pobres. Esta sección reconoce también el origen humano del aumento observado en la concentración de gases de efecto invernadero, tal y como ha documentado el IPCC, y la necesidad de lograr importantes reducciones en estas emisiones de gases para mantener el aumento global de la temperatura del planeta por debajo de los 20 C desde los niveles pre-industriales. Se afirma que este objetivo puede ser revisado para lograr incrementos menores a 1,50 C.

El Acuerdo establece un Comité para la Adaptación que promoverá la implementación coherente de las “acciones que se emprendan”. De esta manera la Convención se dota de un cuerpo técnico que reforzará su papel en futuras negociaciones. Sobre mitigación, el Acuerdo de Cancún, reconoce la responsabilidad diferenciada entre países desarrollados y en vías de desarrollo. Para los primeros, se pone el énfasis en el establecimiento de objetivos ambiciosos, transparencia e información; para los países en desarrollo la mitigación debe ser consistente con el desarrollo económico y la erradicación de la pobreza. También es muy importante que el Acuerdo haya decidido apoyar financieramente los esfuerzos para proteger las zonas forestales de los países en desarrollo, lo que se conoce como programa REDD+.

Cancún ha establecido un Fondo Verde para el Clima, con una financiación de partida de 30 mil millones de dólares entre el 2010 y el 2012, cifra que debería aumentar hasta los 100 mil millones en el 2020. El Fondo estará supervisado por un Consejo de 24 países elegidos con criterio de amplia representatividad, el Fondo será gestionado por el Banco Mundial por un periodo de tres años, y luego revisada esta gestión.

Todavía faltan muchas cosas para que este Acuerdo sea realmente obligatorio. La cuestión del futuro del Protocolo de Kioto se ha incorporado a las negociaciones al reclamar Japón que las principales economías, tales como los EUA, China o India, debieran incluirse entre los estados obligados para reducir emisiones, y no sólo los que están actualmente sometidos por el Anexo I del Protocolo de Kioto. La perspectiva de un único acuerdo obligatorio, aunque con compromisos diferenciados, sería la solución más justa. Obviamente esto requerirá que se garantice el suficiente crecimiento económico para los países en desarrollo como reconoce el mismo Acuerdo. De cualquier modo el futuro de la Convención del Cambio Climático debe conservar el multilateralismo como marco político para el diálogo, así como asegurar la ambición y la energía necesaria para afrontar las amenazas planetarias que afrontamos. Cancún ha traído un poco de esperanza a este proceso. Y en este tiempo de profunda crisis económica la esperanza es mucho más necesaria.

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